viernes, 15 de junio de 2012

Querido blo dos puntos


Querido blo dos puntos

Me va gustando esto del formato blo. Es rara la sensación, porque por un lado tiene esa impronta cronológica que hace que parezca una cosa que se desarrolla en el tiempo, pero por el otro un blo es puro espacio, espacio que se pierde incluso mucho más allá de lo visible, como, a fin de cuentas, casi todos los espacios. Y no sé si “casi”.

Pero si te digo que me está gustando es por lo otro: porque permite el pensamiento deshilachado, en grageas, como las cosas más lindas del Federico, el alemán del bigote, contadas de a cachitos, como pinceladas, o como esas chorreadas de tinta del Jackson, que parecen aisladas pero cuando las ves todas juntas te caés de culo, por no decir de espalda, porque en realidá es puro cosmos.

Me está gustando, te decía, y me hace acordar de la agenda de un artista plástico argentino actual bastante conocido, uno que hasta no hace mucho laburaba en prensa en distribuidoras de cine (¿leerás esto, Edu?) y que usaba una de esas agendas en las que a doble página se ve toda la semana, con una columna para cada día y sus horarios. Pero él no usaba esa forma de cronología para hacer sus anotaciones, sino la imagen visual general de la doble página, y ahí instalaba, como si fuera una de esas carteleras en las que se pinchan con tachuelas de colores los mensajes, las cosas que uno anota en las agendas. Pero no, insisto, en el día correcto y a la hora señalada, como hubiera hecho don Fred, sino en donde esa hoja abierta, o sea ese lienzo, se lo requiriera. O donde él se lo requiriera al papel, vaya uno a saber. Lo cierto es que era una delicia ver esa agenda, porque era una forma de ver la totalidad de algo armada en pinceladas, y esas pinceladas eran siempre palabras. Curioso en un tipo que se dedica al dibujo, al dibujo interminable, al dibujo total y pleno.

Bueno, algo así me resulta el formato blo. Eso de ir poniendo lo que tengo ganas de ir poniendo, y si un día quiero equis voy y pongo equis, y si un día no, no. Y eso en el tiempo. Y sin el tiempo. Para ir armando el rompecabezas de la eternidá. O sea, un rinconcito del rompecabezas de la eternidá.

Disculpame, blo, la catarata de naderías que te acabo de garabatear. Te prometo que mañana te escribo algo mejor. Si se me ocurre. Si no, otro día. Mientras, sigamos navegando, que eso es lo que es preciso.