Me envía Jeremías un mensaje por correo electrónico. En el asunto dice
“Náufrago”. Abro el texto. Dice el texto, es decir, me dice Jeremías:
A la luz de la vela: "Relato de un náufrago que estuvo diez días a
la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la
patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y
luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre".
Hermoso recuerdo de otra época y otro siglo.
Ejque yo le leía a Jeremías, en otras épocas de nuestras respectivas
vidas, en otro siglo, antes de que se durmiera. Apagábamos las luces,
encendíamos una vela, yo me sentaba en el suelo, apoyado contra su cama, de
espaldas a él, y le leía. Y él espiaba el libro por momentos, y en algún
momento dejaba descansar la cabeza en la almohada, y en algún momento se
dormía. Y cuando aún era muy chico le leí, precisamente, durante varias noches, el relato que él ahora
recuerda. Yo también lo recuerdo. Y nos recuerdo juntos. Y nos sé juntos,
entonces y ahora. Porque no es el pasado, es el presente que se encuentra con el
pasado, su pasado, y lo celebra, y es presente. Como García Márquez, aunque nos
quieran hacer creer que se murió.